Los hijos y las hijas heredaron lo que no pudimos derrotar

Los hijos y las hijas heredaron lo que no pudimos derrotar

Me duele la cabeza de tanto recordar, hoy a mis cuarenta mi cuerpo es mi pesar. Y me escondí comiendo, para no ser “linda niña” ¡Que lindos ojitos! Lindos como el mar. Me escondí de todo, hasta del mar. Para ahogar mis penas, ahogar mi pesar. Eras tan bonita, dulce y suave como el mar. […] Leer más

Me duele la cabeza de tanto recordar,
hoy a mis cuarenta mi cuerpo es mi pesar.
Y me escondí comiendo, para no ser “linda niña”
¡Que lindos ojitos! Lindos como el mar.
Me escondí de todo, hasta del mar.
Para ahogar mis penas, ahogar mi pesar.
Eras tan bonita, dulce y suave como el mar.
¿Dónde estás ahora? ¿Vieja y gorda, dónde estás?

Y vino la marea con su pesar.
La trajo mi padre, el agente especial… con su cajita,
con su cajita de metal.
A mis nueve años, ahí estabas con tu cajita,
con tu cajita de metal.
Para silenciarme, silenciar mi pesar.
Tengo sueño, no sé. ¿Dónde estás mamá?
Papá, papá. ¿Dónde estás mamá?
¿Eres tú?, tú papá, ¡No!… ¿Qué es esto?
Ah, ya lo sé… la perrita en el lodazal.

Me inyectaste dos o tres dosis,
ya no me acuerdo, ya…
Querías silenciarme, callarme para no gritar,
gritar pidiendo a mi madre,
esa que tú entregaste minutos atrás.

Si tú mismo lo acordaste con el comandante.
Para demostrar tu honor, para mantener tu lealtad,
por Dios, la patria y la bandera
“si tengo que entregarte… lo vuelvo a hacer no más”.
Y lo planearon con detalle para que no pudiera olvidar.
El día de mi cumpleaños,
el 22 de ese mes y ese año
fatal para mí y otros tantos… fatal, fatal.

Me empujaste… con aquel vaivén
que conocí cuando me casé.
Me empujan, ¿Quién es? Tengo sueño
¿Papá, papá? ¿Dónde estás mamá?,
tengo sueño, no puedo despertar.

Tío Mario Veterinario, solíamos cantar.
Llegaste también esa noche… eras mi padrino,
el hermano de mi mamá,
para pedir asilo al insigne agente especial.

Tengo sueño, no puedo despertar.
¿Por qué me sujetas y no me dejas volar?
Los tres en el vaivén… que tarde reconocí,
el vaivén del lodazal.
Tío Mario veterinario, solíamos cantar,
por qué me sujetas, dime ya.

Tengo sueño no puedo despertar
¿Papá eres tú? ¿Eres tú papá? ¿Qué es esto?
Ah sí, lo sé… la perrita en el lodazal.

El vaivén, ese… me miré y vi,
las piernitas rojas… de la perrita en el lodazal.

¡Qué linda la niña! ¡Qué lindo sus ojitos!
Lindos como el mar. Calla, calla, no grites.
No grites ya. “Ella ya viene”,
dijiste “fue a comprar no más”. Calla, calla…
no grites, perrita del lodazal.

Tengo sueño, tengo sueño, no puedo despertar.
Abro los ojos, mis ojos, mis ojos lindos como el mar.
Eres tú, si tú, papá, me duele, déjame ya…
hundiéndome en el lodazal.
Me tomaron en brazos y me llevaron a otro lugar.
No era mi casa, ni mi cama, ni mi lugar…
me amarraron a la cama,
me dieron algo y me dormí al final.
Dormí el sueño funesto, cubierta por el lodazal.

Sí claro, ese era mi lugar.
¿Dónde está ella? ¿Dónde estás mamá?
Te llevaron los milicos,
te entregó mi padre del Ancla 2 era, no más.

Sé lo que estás viviendo, lo mismo que yo no más.
Dime, dime ¿Dónde está mamás?
Si vuelves mamita, si es que vuelves…
vuelves en el lodazal. ¿Dónde está ella?
¿Dónde estás mamá?

Tengo sueño, no puedo despertar.
Dormí un día, dos días o más.
Tengo sueño, quiero… pero no puedo despertar.
Abro mis ojos, ya no son lindos como el mar.
Él no está, ¡Qué bueno! ¿Hay alguien ahí?
¿Quién es? ¿Quién está?
Alguien vela mi sueño, remordimiento quizá.

Escucho su voz marchita, la voz marchita de mi mamá.
La dejaron viva y en libertad
porque le dieron “trato especial”
Por ser esposa de un funcionario tan,
tan insigne y tan leal.
¡Mamita, mamita ahí estás!

Suéltenme las amarras que quiero navegar,
caminaremos juntas, juntitas en el lodazal,
nos arrastraremos errantes, cojas en el mar,
¡qué bueno ahora podemos navegar,
navegar solitas, él, él no está!

Está matando comunistas, en eso está.
Por Dios, la patria y la bandera, puro honor no más.

Valiente soldado de mi patria,
que hasta a la madre y la hija, fue a entregar,
porque se lo ordenó el comandante,
el insigne capitán ¡Qué hombre! ¡Qué valiente soldado!… fuiste de la patria el sostén.
Sujetaste mi cuerpo infantil, sometiéndome infame y vil. Y entregaste su cuerpo también,
el cuerpo de tu casta esposa al redil…
al redil de perros hambrientos,
hambrientos de hambre, de sed vil.

Por Dios, la patria y la bandera,
“si me piden te entrego a ti también”
¡Oh! valiente padre, valiente soldado,
fuiste de Chile el sostén. ¡Qué valiente soldado!
marcado por la orden de su Capitán.
El honor o la muerte te preguntaron…
“El honor por supuesto mi Capitán”.

Aplastar la semilla comunista, aplacar a la activista,
mi madre, de ella se encargan los perros,
los perros de la infantería de marina.

De mí, de la semilla comunista,
se encargó mi padre,
transformándome en mujer por su asquerosa lealtad.
“Por Dios, la patria y la bandera”.

Vuestros nombres valientes soldados, que habéis sido de Chile el sostén, nuestros pechos los llevan grabados, lo sabrán nuestros hijos también.

Vittoria è Natto

Del libro LA HIJA DE UN TORTURADOR

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