“NADA NI NADIE ESTA OLVIDADO”

“NADA NI NADIE ESTA OLVIDADO”

A poco más de 190 kilómetros al norte de Iquique y a unas 2 horas de viaje por la carretera que bordea la costa se encuentra el pueblo de Pisagua, localidad bañada por el océano y rodeada por el desierto de Atacama. Leer más

A poco más de 190 kilómetros al norte de Iquique y a unas 2 horas de viaje por la carretera que bordea la costa se encuentra el pueblo de Pisagua, localidad bañada por el océano y rodeada por el desierto de Atacama.
Si bien fue considerado uno de los puertos más importante del norte de Chile durante la época dorada del salitre, en la actualidad su población no sobrepasa los 250 habitantes.
Sin embargo, este tranquilo pueblo considerado por biólogos y oceanógrafos como uno de los lugares con mayor biodiversidad marina del país, ha tenido un pasado trágico y se ha convertido en un símbolo de los atropellos a los DDHH durante la dictadura del general Augusto Pinochet Ugarte.
Fue en septiembre de 1973 cuando arribó a su muelle el mercante Maipo con los primeros 50 prisioneros, llegando a albergar posteriormente, según el Informe Valech, a más de 800 prisioneros, aunque otras fuentes sitúan el número entre 2.500 y 3.000.
Pisagua, transformado en un campo de concentración donde eran encarcelados los opositores al régimen militar, se caracterizó por la tortura física y psicológica que sufrieron sus detenidos.
Mantenidos largos periodos vendados y esposados, eran constantemente golpeados, amenazados, sometidos a trabajos forzados, privados de alimentos, agua y sueño.
Eran sometidos a la parrilla, al teléfono, al submarino, a la corriente eléctrica, a quemaduras con cigarrillos, a violencia sexual.
Se los mantenía a torso desnudo bajo el sol, hasta provocar heridas graves en sus cuerpos, y por las noches quedaban a la intemperie, sufriendo las bajas temperaturas del desierto.
Los condenados a muerte permanecían días esperando sus propias ejecuciones, lo que provocaba angustia y desesperación a sus compañeros y a ellos mismos.
Estuvieron siempre prohibidas las visitas de familiares y de funcionarios de organismos de derechos humanos.
El 31 de mayo de 1990 la Vicaría de la Solidaridad presentó ante el Juzgado de Pozo Almonte una denuncia por inhumación ilegal, en base a informaciones proporcionadas por testigos de las ejecuciones realizadas en Pisagua y por varias personas de la localidad que conocían de la existencia de una fosa clandestina.
Al día siguiente, el magistrado Nelson Muñoz se constituyó en el lugar acompañado por un antropólogo, un arqueólogo, un ingeniero químico, funcionarios del tribunal, excavadores y testigos.
La búsqueda dio resultados el 2 de junio de 1990 cuando, al excavar en otro lugar del Cementerio de Pisagua, hallaron la fosa donde fueron encontrados 20 cuerpos.

La sal que impregna la arena conservó intactos los cuerpos, con la ropa que llevaban puesto, con los amarres y vendas con que fueron llevados al paredón y con las claras muestras del impacto de balas que les sesgó la vida.
Este imborrable testimonio recorrió el mundo entero y demostró que los detenidos desaparecidos y fusilados existían, contrariamente a las aseveraciones del régimen militar que los daba por vivos viviendo en otro lugar.
La investigación judicial se vio interrumpida por una petición de incompetencia que hizo la Justicia Militar y la causa pasó al Séptimo Juzgado Militar de Arica, aplicando la ley de amnistía en 1992.
Los abogados de la Vicaría apelaron a la Corte Suprema la que posteriormente ratificó la amnistía.
Aún falta encontrar los restos de 14 detenidos desaparecidos, por lo que la búsqueda de sus restos continúa.

Don Héctor Marín Rossel, presidente de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y Detenidos Desaparecidos de Iquique y Pisagua (AFEPI) dijo:
“Hemos llegado a todas las Instancias, entrevistas con los presidentes de la República, ministros de Estado, Poder Judicial, Parlamento; hasta nos hemos reunido con el Papa Francisco en su visita a Iquique, pero pese a todos nuestros esfuerzos, seguimos esperando una respuesta y sin saber ¿Dónde Están?
Seguiremos hasta el último día de nuestras vidas para que las nuevas generaciones sepan lo sucedido en Chile, y para que nunca más se repita esta historia negra que enluta a nuestra querida Patria.”
La fosa de Pisagua no es un lugar turístico donde sacarse una foto del recuerdo, es un trozo de la Memoria de Chile donde nunca debe entrar el olvido.

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