Reparación, Verdad y Abrazos que Construyen el Futuro
Pisagua es una pequeña localidad costera ubicada a 190 kilómetros al norte de Iquique, la capital regional. Considerado uno de los puertos importantes del norte grande durante la época dorada del salitre, en la actualidad hay poco más de 250 habitantes.
Durante la Dictadura Militar, Pisagua albergaría en total a más de 800 prisioneros.
Muchos de estos fueron ejecutados y enterrados ilegalmente, sin siquiera informar a sus familiares sobre el destino de los detenidos.

Durante todo el proceso de búsqueda de los desaparecidos y de la demanda por justicia, la información proporcionada por testigos de las ejecuciones dio las pistas suficientes para que la Vicaría de la Solidaridad presentara ante el Juzgado de Pozo Almonte una denuncia por inhumación ilegal el 31 de mayo de 1990. Al día siguiente, el magistrado Nelson Muñoz se constituyó en el lugar.
Dos días después hallaron la fosa con 21 cuerpos de prisioneros políticos. La sal del desierto conservó los cuerpos, con sus ropas y con los amarres y vendas con que fueron fusilados.
Este 10 de agosto de 2023, en Pisagua, Chile, frente a la fosa donde fueron hallados los cuerpos de 21 detenidos desaparecidos, se produjo el encuentro entre Héctor Marín Rossel, presidente de AFEPI (Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y Detenidos Desaparecidos de Iquique y Pisagua) y Verónica Estay Stangle, presidenta de Historias Desobedientes – Chile (agrupación de hijas, hijos y familiares de criminales de lesa humanidad en defensa de la Memoria, la Verdad y Justicia).
Este encuentro fue organizado por el profesor Juan Pedro Dufraix en colaboración con un grupo de alumnas de la Facultad de Derecho de la Universidad Arturo Prat, como una de las actividades de la VI versión del Seminario de Derechos Humanos, en la conmemoración de los 50 años del golpe militar.
Previamente, se realizó una Pawa, ceremonia ancestral aymara que busca la reparación y la sanación a través de la conexión con los elementos.
El abrazo entre Héctor y Verónica representa el símbolo de un proceso de reconstrucción de la sociedad chilena con base en la voluntad de ambas partes de para que el NUNCA MÁS sea una realidad.









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