EL INICIO DE UNA TRANSMUTACIÓN QUE NO PUEDEN CALLAR

EL INICIO DE UNA TRANSMUTACIÓN QUE NO PUEDEN CALLAR

Mi madre era simpatizante del gobierno de Allende, proveniente de una familia numerosa con ideas de izquierda, se acercó y trabajó por el gobierno del Pdte. Salvador Allende, generó un Movimiento de Mujeres Cristianas por el Socialismo en Viña del Mar, y trabajó con el Sacerdote Obrero Pierre Depuis, para concientizar por medio del «diálogo». […] Leer más

Mi madre era simpatizante del gobierno de Allende, proveniente de una familia numerosa con ideas de izquierda, se acercó y trabajó por el gobierno del Pdte. Salvador Allende, generó un Movimiento de Mujeres Cristianas por el Socialismo en Viña del Mar, y trabajó con el Sacerdote Obrero Pierre Depuis, para concientizar por medio del «diálogo». Sin tener algún cargo específico en la JAP del sector donde vivíamos, participaba en ella yendo a comprar camiones con verdura a la feria local para distribuirlos en la población durante los períodos más fuertes de desabastecimiento que promovían los que después hicieron lo que todos sabemos.

Mi padre, por su parte, era funcionario de la Imprenta de la Armada, con sede en la Aduana de Valparaíso, frente a los establecimientos de ASMAR. En ella su función era de escritorio, pero más tarde sabríamos (mi madre y yo), que tenía otras labores que cumplir. Pertenecía a una fuerza de inteligencia y contrainteligencia al interior del servicio denominada ANCLA 2.

Cuando vino el golpe esa mañana del 11, mi madre recibió un aviso del presidente de la JAP, Aliro Rojas (PC), que tenía que esconderse ya que la lista de la «Operación Pinzas» en Valparaíso, la incluía a ella, pues en el primer piso vivía un vecino que pertenecía a la aviación en la Base del Belloto, él fue quien habría incluido a mi madre en la lista de personas a detener y desaparecer.

Mi madre me tomó a mí y nos fuimos a esconder a la casa de una medio-hermana de mi padre. Allí permanecimos hasta el día de mi cumpleaños (22 de septiembre), día en el que, a mediodía, mi padre fue a buscarla y la convenció de que él había averiguado con su «contactos» y no le harían nada, y que fuéramos a la casa, pues era mi cumpleaños. Esa tarde salimos rumbo a la casa (siempre me llamó la atención que con mi padre nunca hubo «toque de queda», él presentaba su credencial y todos se cuadraban ante él).

Esa misma noche, llegó un hermano de mi madre a conversar con mi padre y a participar de mi cumpleaños, supuestamente. Siendo las 11:00 de la noche más o menos, sonó el timbre y corrí a abrir la puerta, (ese día cumplí 9 años), me encontré con dos infantes de marina, uno grande y otro pequeño, uno apuntó a mi pecho y el otro a mi entre pierna y dijo: «Matilde Arancibia Ossandón, amante de Sapianni y que tiene un arsenal de armas en Con-Con».

Entonces alguien me quitó de la puerta y vi cómo mi padre presentaba credenciales y fue a buscar a mi madre y le trajo un abrigo rosa, y le dijo, «no te preocupes, todo va a estar bien». Ella me abrazó, se despidió de mi entregándome una libreta con poemas, y se la llevaron a una de las tantas camionetas de la infantería al 5°sector de Las Salinas. Yo rompí en gritos y llantos, por lo que mi padre me tomó y con la ayuda del tío me sujetaron y me inyectó algún sedante, como no me calmé, me inyecto dos veces más y en ese momento para someterme me ultrajó y me dejó en casa de una vecina en el tercer piso del edificio. Allí me amarraron a la cama, y como no hicieron efectos ni las inyecciones ni nada, me golpearon y dieron pastillas, hasta que por fin me dormí.

Mi madre volvió al día siguiente a buscarme, quedó con vida, después de su ultraje.

El año 1975, hice la 1°comunión, quien me la dio fue mi tío el sacerdote René Pienovi Masafierro, fundador del Refugio de Cristo en Valparaíso y confesor de la madre de Pinochet que vivía en Quillota. Algo le pasó a mi padre, que, al regreso de la ceremonia, estando ya en la casa, mi padre se descompensó y vomitando en el baño y sentado en el WC, respondió a mi madre la pregunta de «pero que te pasa Juan».

Su respuesta fue: yo lo hice, me dieron orden de entregarte y que querías que hiciera, si no nos íbamos los tres al Lebu esa misma noche. Me llamó el comandante Ampuero y me preguntó ¿por qué aparece el nombre de su esposa en esta lista?

La lista llegó desde el servicio de inteligencia de la aviación, porque por sectores se dividieron el trabajo para las fuerzas, su superior le dijo que era una falta grave, que no podían hacer nada porque no había sido la marina la que hizo la lista, y que los tres debíamos ir al Lebu, pero que había una salida, que era una deferencia a los años de servicio y buen comportamiento, preguntó por alguna fecha cercana significativa para la familia, y mi padre mencionó la de mi cumpleaños.

Ese mismo día, me enteré de que mi madre salió bajo su custodia, ella fue violada, apremiada, interrogada y obligada a jurar «por dios, la patria y la bandera» que iría mensualmente a las oficinas de la Escuela de Infantería de la Marina en Las Salinas, lo que ella nunca hizo, me consta pues mi padre me obligaba a vigilarla todo el tiempo, a darle reportes de lo que hacía y adonde iba.

Cada mañana antes de ir a dejarme al colegio me decía «tienes que decirme todo lo que hace, porque si me dan orden de entregarte a ti, te entrego», «primero está dios, la patria y la bandera» y me daba un paseo por los patios de la Escuela de Infantería.

También en las mañanas de los sábados me hacía leerle en voz alta libros, mientras escuchábamos música clásica en la radio, libros cuyos títulos nunca olvido «Inteligencia y Contrainteligencia», «Técnicas de interrogatorio efectivas», etc. Poco a poco me fue haciendo su cómplice en esto, ya que yo también era su prisionera no podía hacer otra cosa a mis 11 o 12 años. Él se retiró de la marina el año 1979, antes del plebiscito, que por cierto ya sabía yo, en ese momento los números y las estadísticas por región, él las manejaba entre sus cosas, las del sí y el no para la nueva constitución.

Antes de su retiro, el año 1977 y 1978, nos dieron «viajes de gracia» en barco por el sur de Chile para la familia, en agradecimiento por los «servicios prestados», él manejaba en un cajón que alguna vez logré ver, una medalla, que más bien era una estrella de puntas dorada y negra, por servicios destacados. Al igual que tenía un par de diplomas que me mostró, para convencerme de que «si no fuera por tu madre que no quiere conocer al tata», a él le iría mucho mejor en su carrera.

A comienzos de 1979, se fue al sur a hacer un curso de Administración y Mando (Talcahuano), en el cual según dicen, tuvo una trombosis, mandaron llamar a mi madre, ella viajó, pero él nunca estuvo enfermo, le lavaron el cerebro, volvió diciendo que mi madre estaba loca, que eso nunca había ocurrido, que yo no sabía lo que decía, que la «loca pienovi» como le decían a mi madre en el barrio, me tenía la cabeza llena de cuentos. Mi madre tuvo que firmar un papel en el que decía autorizar una serie de medicamentos para el tratamiento, de la supuesta enfermedad.

Finalmente, el año 1982, cumplidos mis 18 años, lo eché de la casa y se fue. Yo reduje mis encuentros con él al mínimo, dentro de lo que podía, porque el sacerdote, mi tío René Pienovi, me obligó, a encontrarme una vez por semana con mi padre, para seguir contándole lo que hacía mi madre, y de paso reiterarme que yo no debía meterme en nada «raro», porque «si me dan orden de entregarte, lo hago, ya entregué a tu madre, no me cuesta nada entregarte a ti también».

Finalmente, cuando detuvieron a Pinochet en Londres, tuve problemas serios de Depresión y Angustia, y comencé un trabajo terapéutico con el PRAIS y posteriormente con el FASIC, dejé de ver a mi padre, hasta que supe que murió el año 2006, hoy sigo en terapia con Jorge Pantoja, en forma particular, ya que tengo medios económicos y le dejé el puesto a otro compatriota que no podía pagar. Mi madre también sigue en terapia particular, yo se la pago. Pues las secuelas son enormes, ella sufre hoy de TLP (trastorno límite de la personalidad), vive aislada, no tiene contacto con nadie, y ve fantasmas y agresores por todas partes, hasta ha pensado que yo la traiciono también.

Como parte de mi proceso de sanación he comenzado a escribir, poesía y una novela, que cuenta detalladamente cómo fue el proceso de reclutamiento de mi padre, cómo funcionan estas cosas, ya que junto a él aprendí mucho, demasiados detalles que no puedo callar y no encuentro otra forma de entregarlos que por esta vía, por ello adopté un pseudónimo de escritora (Vittoria è Natto: La victoria ha nacido) y así aportar a la memoria no contada de este país, la historia de los hijos e hijas de la memoria y de la hija de un torturador.

Un día en Facebook mientras contactaba a los marinos constitucionalistas que sufrieron represión, les pregunté si conocían o sabían del “perro pienovi”, necesitaba saber hasta donde llegó mi padre. El me comentó que le sonaba el nombre en los labios de su mujer que también estuvo en prisión política. Ella confirmó lo que suponía, sus palabras fueron: “sí yo sé quién es, no me torturó a mí, pero era el que recibía a mi compañera de celda después de la tortura, la contenía para que hablara” (para la próxima sesión de tortura), ése era mi padre.

Hoy luego de estos 47 años, he pasado por terapia, tengo una trombofilia y flebitis crónica, herencia de él. Me divorcié por los mismos asuntos de este proceso interno que ha hipotecado mi vida y la de los míos, mis hijos. Ellos ya son grandes, Samy mi niña hermosa y Tomy mi niño hermoso tienen la suerte de estudiar. Yo deambulo por la vida renovada, feliz, libre y gritando a los cuatro vientos que la historia la escribimos los vivos en la web y la plasmamos porque la vivimos.

Ya en este encierro de la pandemia mi único contacto social aparte de mi familia nuclear -mi madre que ha sobrevivido a 3 guerras mundiales: la primera, la segunda y esta que es biológica, como le dijo a la cajera del banco cuando se fue a pagar- el único oasis de encuentro con mis pares ha sido con el colectivo Historias Desobedientes Chile. Colectivo al que me uní luego de un largo camino, de haberme sentido extraña pero contenta en medio de otras víctimas, pues lo soy también.

Primó en mí, dentro de esta dualidad, de este doble cariz que me tocó vivir, el llamado de la Ética, la necesidad profunda de levantarme de entre la “familia militar” y decir esto NO SE HACE, no solo con la familia, sino que, con nadie bajo ningún precepto, ni orden, ni mandato. La obediencia militar es una porquería y debe dejar de existir ya en este nuevo mundo con este nuevo “orden” la estructura jerarquizada y violenta que ha hecho por siglos de la muerte, el asesinato, la violencia, la tortura, la delación, la traición una “profesión”.

Esto es Historias Desobedientes Chile, hijos, hijas y familiares de genocidas por la memoria, verdad y justicia , hermanos de Historias Desobedientes (Argentina), hijos hijas y familiares de genocidas por la memoria la verdad y la justicia. Y luchamos hoy porque más hijos de los agentes represores y genocidas civiles o uniformados puedan transitar hacia la humanidad, puedan escuchar la voz de la convicción ética y como adultos plantarnos delante de nuestras familias y decirles esto NO es posible.

Tratamos con esta voz, de contribuir con un granito de arena a la lucha por la verdad y la justicia. No nos reconciliamos, no perdonamos, no olvidamos. Elegimos de qué lado estar aun cuando nos cueste y nos ha costado ya, la pertenencia a nuestra familia original.

Estamos caminando y despertando desobedientes en Brasil quienes ya se encuentran constituidos, en Alemania, en Argentina, en Chile, en todo lugar donde algún familiar nuestro sea genocida, para no perdonar ni dejar pasar, aún con el amor que profesamos a nuestros familiares, los actos que han cometido que son del todo repudiables y deben pagar por el daño cometido.

Vittoria è Natto

Perteneciente a la agrupación Historias Desobedientes-Chile

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